La parte delantera de la bolsa está hecha para vender. La etiqueta trasera está hecha para informar.

Vamos a aprender a leer las etiquetas del pienso, ¿te parece?
La bolsa puede hablar de carne fresca, ingredientes naturales o una receta premium. Todo en grande. Bueno, bonito y barato. Pero para saber qué estás comprando hay que mirar más allá: la denominación, la composición, los componentes analíticos, los aditivos y la ración.
¿Muchas cosas? No te preocupes. Te enseñamos a leer la etiqueta de manera fácil, sin convertir la compra en un examen de química.
En el envase podemos leer mensajes enormes como «60 % de carne», «receta natural», «rico en pollo» o «premium». Suenan estupendamente, pero no siempre significan lo que imaginamos.
Para saber qué estamos comprando hay que revisar cinco cosas:
No hace falta estudiar nutrición veterinaria. Vamos a verlo paso a paso y con ejemplos.

Busca en la etiqueta una de estas dos denominaciones:
La mayoría de los piensos son alimentos completos. En Natural Petshop todos nuestros piensos son completos. Sin embargo, entre las latas, sobres, caldos, snacks y filetes de carne encontramos bastantes alimentos complementarios. Es normal, se usan de manera distinta.
Que un alimento sea complementario no quiere decir que sea malo. Puede ser una opción estupenda para aportar hidratación, mejorar la palatabilidad o dar un capricho. Nuestros productos son todos e calidad, no hay ningún problema. Simplemente asegúrate de que el alimento complementario complemente la dieta principal.
Los ingredientes aparecen normalmente ordenados de mayor a menor cantidad en el momento en el que se incorporan a la receta.
Pero hay que interpretarlos con cuidado.
Pollo 70%, Atún y Salmón (incluye Pollo Deshidratado 28%, Pollo Deshuesado Preparado Fresco 26%, Salmón Deshidratado 10%, Atún Preparado Fresco 4%, Grasa de Pollo) 4%, Patata, Guisantes, Lentejas, Garbanzos, Celulosa 2.5%, Pulpa de Remolacha 2%
Esta composición nos permite saber:
Esta precisión resulta especialmente útil si el perro o el gato presenta una alergia o intolerancia.
Cereales (como maíz y trigo), carnes y subproductos animales, subproductos de origen vegetal, aceites y grasas, sustancias minerales y levaduras
Esta forma de declarar los ingredientes es legal, pero aporta mucha menos información:
Y además, ¡madre mía! Menuda receta con tanto cereal...
Como regla práctica, es preferible encontrar nombres concretos como:
Por ejemplo, Rústika tiene un etiquetaje de lo más transparente y específico.
Frente a expresiones genéricas como:
No podemos ejemplificar un producto con calidad y etiquetaje cuestionables porque en Natural Petshop no vendemos productos así.
Imaginemos una bolsa de pienso Colpy (nombre ficticio) con este mensaje enorme:
60 % DE CARNE
A primera vista podemos pensar que seis de cada diez gramos del pienso terminado son carne de buena calidad. Pero al darle la vuelta encontramos:
Productos de origen animal 60 % —pollo fresco, harina de ave, subproductos animales y proteína animal procesada—, cereales, derivados de origen vegetal, aceites y grasas…
Ese 60 % puede reunir ingredientes muy diferentes. No tiene por qué representar un 60 % de carne muscular ni un 60 % de proteína.
Además:
Por tanto, el mensaje «60 % de carne» no es necesariamente falso, pero puede provocar una interpretación exageradamente positiva si no se explica qué integra exactamente ese porcentaje.
Comparemos dos ejemplos.
60 % de ingredientes de origen animal: pollo fresco, harina de ave, subproductos animales y proteína animal procesada.
Pato fresco (30 %), proteína de pato deshidratada (25 %), grasa de pollo (5 %) y aceite de salmón (1 %).
La segunda lista permite saber qué se ha utilizado y en qué cantidad. Esa transparencia es mucho más útil que una cifra grande en la parte delantera del envase.
Encontrar «carne fresca» en la composición suele resultar más atractivo que leer «harina de carne». Sin embargo, para interpretar bien la etiqueta hay que saber qué aporta cada formato y qué información nos ofrece el fabricante.
Es carne incorporada a la receta con su contenido natural de agua. Puede incluir tejido muscular y otras partes animales, dependiendo de cómo se defina en la composición.
Ventajas de la carne fresca:
Ha sufrido menos transformaciones antes de incorporarse a la receta.
Suele resultar apetecible y puede mejorar el sabor del alimento.
Si se identifica claramente —por ejemplo, «pollo fresco» o «pato fresco»— permite conocer su origen.
Puede conservar inicialmente algunos nutrientes sensibles al procesado, aunque después también será cocinada durante la fabricación del pienso.
Su utilización puede ser una señal positiva cuando forma parte de una composición clara y se acompaña de otras fuentes de proteína bien identificadas.
Inconvenientes de la carne fresca:
Contiene mucha agua, aproximadamente entre un 65 y un 75 % en muchos casos.
Su porcentaje se declara antes del cocinado. Al fabricar el pienso pierde buena parte de esa agua y su peso en la croqueta final disminuye considerablemente.
Puede aparecer como primer ingrediente sin ser necesariamente la principal fuente de proteína del producto terminado.
Un porcentaje elevado de carne fresca no equivale al mismo porcentaje de carne en el pienso final.
Por ejemplo:
Pollo fresco (30 %), arroz, maíz, trigo…
Aunque el pollo figure en primer lugar, después de perder agua puede acabar representando menos materia seca que el conjunto de cereales.
La carne fresca es un ingrediente interesante, pero su porcentaje no debe utilizarse de forma aislada para valorar el pienso.
Es una materia prima animal a la que ya se ha retirado la mayor parte del agua antes de incorporarla al alimento.
Ventajas de la carne deshidratada:
Está mucho más concentrada que la carne fresca.
Su posición y porcentaje en la lista se aproximan más a su presencia real en la croqueta terminada.
Puede aportar una cantidad importante de proteína animal aunque su porcentaje sea menor.
Si se identifica la especie —«pollo deshidratado», «pato deshidratado» o «proteína de salmón deshidratada»— ofrece una información bastante precisa.
Combinar carne fresca con proteína animal deshidratada puede permitir obtener sabor, palatabilidad y una cantidad consistente de proteína animal.
Inconvenientes de la carne deshidratada:
Ha sido sometida a un proceso previo de cocinado y secado, y hay maneras y maneras de hacer esto.
Su calidad depende de las materias primas utilizadas y de la intensidad del procesado.
La expresión «proteína animal deshidratada» resulta poco transparente si no indica la especie.
La palabra «deshidratada» no garantiza por sí misma que se hayan utilizado piezas de gran calidad.
Un ejemplo relativamente claro sería:
Pollo fresco (25 %) y proteína de pollo deshidratada (20 %).
La carne fresca aporta sus propias cualidades y la proteína deshidratada asegura una presencia más concentrada de materia animal en el producto final.
Las harinas animales se obtienen mediante el cocinado, secado y molienda de tejidos animales. Al contener poca agua, pueden ser fuentes concentradas de proteína y minerales.
Aquí la calidad puede variar considerablemente.
Una harina puede proceder de materias primas nutritivas y ofrecer una proteína digestible. Pero también puede incorporar una proporción mayor de tejidos de menor valor nutricional, huesos u otros restos del procesado animal. Esto puede traducirse, dependiendo del producto, en más minerales, una digestibilidad menor o una calidad proteica más variable.
Ventajas de las harinas animales:
Permiten aprovechar partes animales que no se destinan habitualmente al consumo humano.
Pueden ser ingredientes válidos si su origen, composición, digestibilidad y calidad están bien controlados, aunque a veces no sea así
Suelen ayudar a fabricar alimentos a un precio más accesible.
Inconvenientes de las harinas animales:
Su calidad puede variar mucho según las materias primas y el proceso utilizado.
Algunas pueden contener una proporción elevada de hueso y, por tanto, más minerales o ceniza.
Pueden incluir tejidos de menor calidad nutricional o proteína menos digestible.
Las denominaciones genéricas como «harina de carne», «harina animal» o «harina de ave» ofrecen poca información.
El consumidor normalmente no puede saber qué partes del animal se han utilizado si el fabricante no lo explica.
Un procesado intenso puede afectar a la digestibilidad y disponibilidad de algunos nutrientes.
No es lo mismo leer:
Harina de carne y subproductos animales.
que encontrar:
Harina de salmón (20 %).
En el segundo caso conocemos al menos la especie y el porcentaje. Aun así, para juzgar completamente su calidad necesitaríamos información sobre la materia prima, su digestibilidad y su contenido mineral.
No existe una respuesta basada únicamente en una palabra, pero podemos establecer una orientación práctica:
La carne fresca es un ingrediente valioso y menos transformado antes de entrar en la fábrica, pero contiene mucha agua y su porcentaje puede parecer más importante de lo que será en el alimento terminado.
La carne o proteína animal deshidratada no tiene por qué ser un ingrediente malo. Al haber perdido ya el agua, está más concentrada y su porcentaje resulta más fácil de interpretar.
La harina animal puede aportar proteína de forma concentrada, pero su calidad es más variable y aumenta la importancia de conocer la especie, el porcentaje y la transparencia del fabricante.
Una combinación como esta puede ser una buena señal:
Pollo fresco (25 %), proteína de pollo deshidratada (20 %), patata, grasa de pollo y aceite de salmón.
En cambio, esta composición nos ofrece muchas menos garantías sobre el origen y la calidad de las materias primas:
Cereales, harina de carne, subproductos animales, grasas animales y derivados de origen vegetal.
La clave no es buscar obligatoriamente un pienso que solo contenga carne fresca. Debemos valorar:
Si identifica las especies animales.
Si indica los porcentajes.
Si diferencia claramente entre carne fresca, proteína deshidratada y harina.
Si utiliza términos concretos o expresiones genéricas.
Si los componentes analíticos son coherentes con la receta.
Si proporciona datos sobre digestibilidad, energía, calcio y fósforo.
Si el alimento le sienta bien al animal.
En resumen: la carne fresca tiene ventajas reales, la carne deshidratada puede ser una excelente fuente concentrada de proteína y las harinas deben valorarse con mayor cautela porque su calidad puede ser mucho más variable.
Los subproductos animales no son automáticamente perjudiciales, pero cuando aparecen declarados de forma genérica constituyen una señal poco favorable.
Dentro de esta categoría pueden encontrarse partes nutritivas, como hígado, corazón o riñones, pero también materias primas de menor interés nutricional y tejidos con una calidad o digestibilidad más variable.
El problema es muy sencillo: si la etiqueta solo indica:
Carnes y subproductos animales.
no podemos saber:
De qué animales proceden.
Qué partes se han utilizado.
En qué porcentaje aparecen.
Cuánto tejido muscular contienen.
Si predominan los órganos nutritivos o materias primas de menor valor.
Si la composición puede cambiar de un lote a otro.
Las marcas que utilizan ingredientes interesantes suelen tener motivos para especificarlos:
Pollo fresco (25 %), corazón de pollo (8 %) e hígado de pollo (5 %).
En este caso sabemos qué partes se han utilizado y podemos valorar mejor su aportación.
En cambio, cuando encontramos una denominación como:
Carnes y subproductos animales (4 % de pollo).
solo sabemos que una pequeña parte corresponde al pollo anunciado. El resto puede proceder de otros animales y de partes no identificadas.
Por eso, aunque la utilización de subproductos esté regulada y no implique que el alimento sea inseguro, en Natural Petshop preferimos composiciones que indiquen claramente qué ingredientes animales contienen.
Algunos órganos poseen un gran valor nutricional:
El hígado aporta proteínas, vitamina A, vitaminas del grupo B, hierro y otros minerales.
El corazón contiene proteínas y nutrientes como la taurina.
Los riñones aportan proteínas, vitaminas y minerales.
Determinadas vísceras forman parte de la alimentación natural de los animales carnívoros.
Si una receta utiliza estos ingredientes y los identifica, su presencia no debería considerarse negativa.
Porque una categoría tan amplia permite agrupar materias primas muy diferentes bajo una misma denominación. Aunque cumplan la normativa, el consumidor no puede valorar su calidad real.
Además, los ingredientes con una elevada presencia de hueso o tejidos conectivos pueden aumentar el contenido mineral o aportar una proteína de menor valor y digestibilidad que la procedente de carne muscular u órganos bien seleccionados.
Como orientación práctica:
«Hígado de pollo (5 %)»: ingrediente concreto y cantidad conocida.
«Corazón de pavo»: ingrediente concreto y especie identificada.
«Vísceras de cordero»: ofrece cierta información, aunque podría ser más precisa.
«Subproductos animales»: denominación demasiado genérica.
«Carnes y subproductos animales»: no permite conocer realmente qué estamos comprando.
Por tanto, no rechazamos un alimento simplemente porque contenga hígado, corazón u otras vísceras. Lo que evitamos son las fórmulas que esconden ingredientes muy distintos bajo expresiones genéricas.
Si una marca utiliza buenos ingredientes animales, lo razonable es que los identifique. Cuando no lo hace, el comprador tiene menos motivos para confiar en la calidad y estabilidad de la receta.
Un fabricante puede declarar por separado distintos ingredientes procedentes de una misma materia prima:
Pollo fresco (25 %), arroz (15 %), harina de arroz (12 %), salvado de arroz (8 %), proteína de pollo deshidratada (7 %)…
El pollo fresco aparece en primer lugar. Sin embargo, si sumamos arroz, harina de arroz y salvado de arroz, los ingredientes derivados del arroz representan un 35 %.
Esto se conoce como fragmentación de ingredientes. No implica necesariamente que la receta sea incorrecta, pero puede hacer que el primer ingrediente parezca más predominante de lo que realmente es.
Por eso no debemos valorar un pienso mirando únicamente la primera palabra de la composición.
Los componentes analíticos suelen incluir:
Estos valores describen el perfil nutricional del alimento, pero no explican por sí solos la calidad ni el origen de los nutrientes.
No necesariamente.
La cantidad apropiada depende de la especie, la edad, la actividad, el estado corporal y la salud del animal. También importa su digestibilidad y su perfil de aminoácidos.
Un pienso con un 35 % de proteína no es automáticamente mejor que otro con un 28 %. Tampoco podemos saber si la proteína procede principalmente de carne, legumbres, cereales u otras fuentes mirando únicamente este valor.
Como orientación práctica:
La proteína debe estudiarse junto con la composición completa, no de forma aislada.
La grasa aporta energía, ácidos grasos esenciales y sabor. No es un ingrediente perjudicial, pero es muy calórico.
Un alimento con bastante grasa puede resultar adecuado para:
Puede resultar menos conveniente para:
No existe una cifra universal que convierta un pienso en bueno o malo. Lo importante es relacionar la grasa con las calorías, la ración diaria y las necesidades del animal.
Si tu mascota gana peso con facilidad, no te fijes únicamente en que la bolsa diga «light». Compara la energía metabolizable y la cantidad diaria recomendada.
No. Nadie añade la ceniza de la chimenea al alimento.
La ceniza bruta representa la cantidad total de minerales que quedaría después de quemar una muestra del alimento en un análisis de laboratorio. Incluye minerales esenciales como calcio, fósforo, magnesio, potasio y otros.
Por tanto:
En cachorros de razas grandes, animales con problemas urinarios o mascotas con enfermedades renales, no basta con mirar la ceniza total. Hay que valorar minerales específicos y, cuando corresponda, utilizar un alimento recomendado por el veterinario.
La humedad indica la cantidad de agua del alimento.
Un pienso seco suele contener poca humedad. Una lata o un sobre pueden contener alrededor de un 70–85 % de agua. Por eso no podemos comparar directamente sus porcentajes de proteína o grasa.
Por ejemplo:
A primera vista parece que el pienso contiene tres veces más proteína. Sin embargo, al retirar matemáticamente el agua, la diferencia puede reducirse mucho o incluso invertirse.
Para comparar correctamente alimentos con humedades muy distintas hay que calcular los nutrientes sobre materia seca.
La humedad no es buena ni mala por sí misma. Una dieta húmeda puede favorecer la ingesta de agua, algo especialmente interesante en muchos gatos, pero debe ser completa si se utiliza como alimentación exclusiva.
La fibra puede ayudar al tránsito intestinal, la consistencia de las heces y la sensación de saciedad.
Los alimentos para controlar el peso suelen contener más fibra, mientras que otros piensos muy energéticos pueden contener menos.
Una cifra elevada no significa automáticamente que el alimento sea de poca calidad. Debe valorarse según su función y la respuesta del animal.
Si quieres comparar un pienso con una lata, puedes utilizar esta fórmula:
Nutriente en materia seca = porcentaje declarado ÷ (100 − humedad) × 100
Ejemplo con una comida húmeda:
Cálculo:
10 ÷ 20 × 100 = 50 % de proteína sobre materia seca.
Así descubrimos que ese aparentemente modesto 10 % equivale a un 50 % de proteína una vez descontada el agua.
No hace falta realizar este cálculo para comparar dos piensos secos con una humedad muy parecida, pero resulta muy útil al comparar pienso y comida húmeda.
La palabra «aditivo» suele generar desconfianza, pero muchos aditivos cumplen funciones nutricionales importantes.
Un alimento puede incorporar vitaminas, minerales o aminoácidos para garantizar que la dieta sea completa.
La taurina es un nutriente esencial para los gatos. Participa, entre otras funciones, en la salud del corazón, la retina y el metabolismo de los ácidos biliares.
Los gatos no producen por sí mismos una cantidad suficiente y deben obtenerla de la alimentación. Por eso es habitual encontrar taurina añadida en alimentos completos para gatos.
Que aparezca en la lista de aditivos no es una señal negativa. Al contrario: forma parte de una formulación destinada a cubrir sus necesidades nutricionales.
Es normal encontrar aditivos nutricionales como:
Su presencia no demuestra que los ingredientes principales sean malos. Permite ajustar el contenido final de nutrientes para que el alimento cumpla las necesidades de perros o gatos.
Algunos alimentos incorporan sustancias como:
Pueden resultar interesantes en alimentos dirigidos a perros mayores, razas grandes o animales con necesidades articulares.
Pero hay que tener cuidado con el reclamo publicitario. Que la bolsa muestre una articulación enorme y anuncie «con glucosamina» no significa necesariamente que contenga una cantidad relevante.
Conviene comprobar:
Un condroprotector en el pienso no sustituye un diagnóstico ni un tratamiento veterinario.
Evitan que las grasas se enrancien y ayudan a mantener el alimento en buenas condiciones.
La etiqueta puede mencionar antioxidantes como extractos ricos en tocoferoles, relacionados con la vitamina E. También pueden utilizarse otros aditivos autorizados.
«Sin conservantes» no siempre significa que un alimento sea mejor. Lo importante es que el producto sea seguro, estable y esté correctamente conservado.
Decir únicamente que hay que «mirar la energía» sirve de poco si no sabemos qué buscar.
La energía puede aparecer como:
Cuantas más kilocalorías contiene un alimento, menor cantidad necesita normalmente el animal para recibir la misma energía.
Ejemplo:
El pienso A no es necesariamente peor por ser más calórico. Simplemente debe administrarse en una cantidad menor.
En la práctica:
La prueba más útil no está solamente en la bolsa: está en comprobar si el animal mantiene un peso y una condición corporal adecuados.
No existe un porcentaje universal que sirva para todos los perros y gatos.
Un alimento no es bueno simplemente por superar una cifra determinada de proteína, tener poca ceniza o incluir mucha carne fresca.
Los valores deben interpretarse teniendo en cuenta:
Desconfía de reglas demasiado simples como:
Una buena etiqueta no necesita recurrir a esas simplificaciones. Debe permitir entender qué contiene el producto y cómo utilizarlo.
Antes de comprar, hazte estas preguntas:
Si has llegado hasta aquí, enhorabuena! Tras esta masterclass ya podrás elegir un buen pienso para tu mascota.
En resumen. No existe un ingrediente aislado que permita valorar por completo un alimento. Pero eso no significa que todos los piensos sean iguales.
Una composición concreta y comprensible permite tomar decisiones mejor informadas. Es preferible saber qué animales se han utilizado, en qué forma aparecen y qué porcentaje representan, en lugar de depender de mensajes llamativos como «60 % de carne» sin más explicaciones.
En Natural Petshop seleccionamos alimentos completos y disponemos de filtros por edad, tamaño, fuente de proteína y necesidades específicas. Utilízalos después de definir qué necesita tu perro o gato y, si presenta una enfermedad, alergia, sobrepeso o necesidades especiales, consulta con tu veterinario antes de cambiar su alimentación.
Esperamos haberte podido ayudar :)
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